
Era por mayo.
Salió de pronto el sol y con él nosotras
del cascarón de la infancia,
aturdidas entre el despiste y las ganas.
Era por mayo, que salimos de los faros y corrimos el mundo en
vespino y
autobús, andando, en auto-stop…
Era por mayo: Tocaba Vivir.
Era por mayo y ninguno de sus días tuvo suficientes horas
para llenar nuestros esquemas, nuestros planes.
Era por mayo y cada noche lo escribíamos,
pero ningún diario de tapas rojas pudo con el torbellino de vivencias,
con el desborde de las palabras, de las risas,
de los descubrimientos.
Era por mayo que ideábamos un mundo en el que los coches oficiales
eran
meharis naranjas, los bares escaleras para tomar el sol
y los perros llevaban gafas.
Y era por mayo que nuestra acomodada y despreocupada vida de Residencias privadas
nos pareció compatible con la Banda Sonora de Silvio y Pablo,
o de Paco Ibáñez.
Era por mayo que nuestra casa era sólo la plataforma para La Vida
y nuestra Isla un reducto temporal,
antesala de lo Real.
Era por mayo y con nuestro mundo nos salvamos mutuamente de los peligros,
atravesando juntas el páramo de la soledad de nuestros quince años
porque en aquel mayo todo lo demás era injusto.
Era por mayo que el sol alimentaba intensas jornadas de playa
y la filosofía juvenil compensó las ausencias de clase.
Era por mayo que todo nos parecía nuevo y brillante,
como los vestidos recuperados del desván de nuestras abuelas
y los zapatos viejos de aquel museo del puerto.
Y todo parecía nuevo
porque lo era.